Hombre tocando un instrumento de viento.
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Consejos clave de una musicoterapeuta para otros profesionales de la salud que usan música en sus sesiones con personas con demencias

19 - 01 - 2026

Categorías: Divulgación

Vanessa Vannay Allasia (Phd) | Musicoterapeuta en el CREA

Para un/a musicoterapeuta, el uso de la música por parte de otros profesionales de la salud en sus sesiones es una buena iniciativa, siempre y cuando se haga de manera informada y cuidadosa. La música no es exclusiva de los musicoterapeutas, pero mal utilizada puede ser ineficaz o incluso perjudicial.

Aquí se detallan 7 pautas para tener en cuenta:

  1. Comprender el "Porqué" y el "Para Qué": No es solo "poner música": ten en cuenta el objetivo de tu sesión y selecciona el tipo de música, el volumen y cómo se presenta. Es mejor que se adapte a la actividad que hayas elegido en ese momento. La música puede ser de fondo, o también se puede utilizar para motivar o relajar. Es importante tener claro el propósito.
  2. La personalización es sagrada: La música no es cualquiera, y tampoco la de tu preferencia. Por lo que es necesario que preguntes qué le gusta a la persona y/o familiares. La música es profundamente personal. Lo que es relajante para uno, puede ser estresante o irrelevante para otro. Observa las reacciones. Si muestran signos de malestar o indiferencia, cambia la música. A menudo el silencio es lo más apropiado.
  3. Calidad del sonido: Utiliza un reproductor de música de buena calidad, no un teléfono móvil o altavoces distorsionados. Un buen sistema de sonido puede hacer una gran diferencia en la percepción y el impacto de la música. Cuida aspectos como el volumen apropiado ya que puede abrumar si está alto, o generar frustración por esforzarse y no poder escuchar bien.
  4. Duración y momento de la música: El exceso de música provoca a menudo la saturación auditiva, lo que puede llevar a cambios de humor y problemas de comportamiento, evita la sobreestimulación. Se recomiendan sesiones con música bien controladas. 10 a 20 minutos. El silencio es otro de los elementos que podemos utilizar y tan importante como la música es saber cuándo apagarla. El silencio es un componente vital del bienestar. No mantengas la música de fondo todo el tiempo.
  5. Observación constante y flexibilidad: Observa atentamente las reacciones de la persona usuaria: ¿relaja la expresión facial? ¿Mueve los pies o las manos? ¿Tararea? ¿Muestra signos de estrés (ceño fruncido, respiración agitada, intentos de quitarse los auriculares)? Sé flexible a cambiar la música o apagarla si no es apropiado. No asumas que una canción o género que funcionó un día, funcionará siempre. El estado de ánimo y las capacidades cognitivas de una persona con Alzheimer pueden fluctuar. Lo que fue efectivo ayer, podría no serlo hoy. Nunca te apegues rígidamente a una lista de reproducción sin flexibilidad para cambiarla.
  6. No utilizar la música como sustituto de la interacción humana o el cuidado: La música es valiosa, pero no reemplaza la atención directa, la conversación o la interacción personal. No se recomienda utilizar la música para "despistar" o para evitar tener que interactuar con la persona con demencia.
  7. Si la música no parece ayudar, consulta con un/a musicoterapeuta: no hay recetas musicales que funcionen de la misma forma para todo el mundo. Una aplicación inadecuada puede generar efectos indeseados, como aumentar la ansiedad, activar recuerdos dolorosos o incluso interferir con procesos terapéuticos en curso. La mirada experta de un/a profesional cualificado/a asegura que la elección, el momento y la forma de la intervención musical se adapten de manera segura a las necesidades de la persona usuaria.

Integrar la música en contextos de salud implica asumir una responsabilidad profesional. Más allá de la elección de canciones o estilos, se trata de reconocer el impacto profundo que puede tener en la esfera emocional, cognitiva y corporal de cada persona. Estos consejos no buscan limitar la creatividad de quienes acompañan procesos terapéuticos, sino ofrecer un marco que garantice intervenciones seguras, respetuosas y realmente beneficiosas. Recordemos que la música no es un recurso neutral: puede aliviar y abrir posibilidades, pero también provocar incomodidad o despertar memorias difíciles. Por ello, escuchar a la persona con demencia, ajustar con sensibilidad y acudir al criterio experto de un musicoterapeuta cuando sea necesario es fundamental. Solo desde esa mirada consciente y colaborativa, la música es una aliada en la salud, favoreciendo no solo el bienestar inmediato, sino también un acompañamiento integral en el tiempo.

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uso interesante en centros geriatricos

Son necesarias todos esos ejercicios de terapia, para poder estimular esas capacidades , casi olvidadas de esas personas. Gracias.

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