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Intervenciones eficaces para reducir el estigma en salud mental
24 - 04 - 2026

Intervenciones eficaces para reducir el estigma en salud mental

ESTIGMA | CONTENIDOS ESPECIALIZADOS Autor: Víctor González Ayuso. Psicólogo investigador. Área de Gestión del Conocimiento, que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U. El estigma asociado a los problemas de salud mental sigue siendo una de las principales barreras para que muchas personas puedan participar plenamente en la sociedad. Afecta al acceso a la atención sanitaria, dificulta las relaciones sociales y limita el ejercicio de derechos básicos, especialmente en el caso de las personas con trastorno mental grave. Este estigma no solo se manifiesta en opiniones o actitudes individuales, sino también en normas sociales, mensajes de los medios de comunicación y en el funcionamiento de las propias instituciones. Por eso, para reducirlo de forma eficaz, es necesario poner en marcha intervenciones específicas, sostenidas en el tiempo y basadas en la evidencia científica, que ayuden a cambiar lo que la sociedad piensa, siente y hace en relación con la salud mental. La investigación internacional señala tres grandes tipos de estrategias para combatir el estigma. Aunque se presentan por separado, lo más habitual es que se combinen dentro de programas más amplios: las intervenciones basadas en el contacto social, las intervenciones educativas y las acciones de protesta o activismo social. Intervenciones basadas en el contacto social Las estrategias basadas en el contacto parten de una idea sencilla: conocer de cerca a las personas reduce los prejuicios. Cuando existe un contacto positivo y respetuoso entre personas que no han tenido problemas de salud mental y personas con experiencia propia, disminuyen el miedo, los estereotipos y la distancia social. En el ámbito de la salud mental, estas intervenciones permiten mostrar que detrás de un diagnóstico hay personas con historias, capacidades y procesos de recuperación diversos. La evidencia científica indica que el contacto social es una de las formas más eficaces de reducir el estigma. Existen dos formas principales de contacto: el contacto directo y el contacto indirecto. Contacto directo El contacto directo se produce cuando hay encuentros presenciales entre un grupo concreto —como alumnado, profesionales, empleadores o ciudadanía— y personas con experiencia en salud mental. Programas desarrollados en distintos países han demostrado que este tipo de encuentros mejora las actitudes, reduce el miedo y favorece una mayor inclusión social. Sin embargo, también se ha observado que, si la persona que comparte su experiencia es vista como una “excepción”, el impacto puede ser menor. Por eso es clave mostrar experiencias variadas y realistas. Contacto indirecto El contacto indirecto no requiere encuentros presenciales. Incluye formas de acercamiento a la experiencia de la salud mental a través de: testimonios en vídeos o documentales películas y series campañas en redes sociales relatos personales difundidos en medios digitales Este tipo de contacto resulta especialmente útil para llegar a un gran número de personas y ha sido muy utilizado en campañas de sensibilización a nivel nacional. Los testimonios bien construidos, centrados en la vida cotidiana y la recuperación, ayudan a generar empatía y a desmontar ideas preconcebidas. Tanto el contacto directo como el indirecto son más eficaces cuando se dirigen a públicos concretos y forman parte de estrategias más amplias y continuadas. Intervenciones basadas en la educación Las intervenciones educativas buscan mejorar el conocimiento sobre salud mental y corregir información errónea que alimenta el estigma. Pueden adoptar muchas formas: charlas, talleres, materiales divulgativos, vídeos, cursos online o campañas informativas en redes sociales. S u objetivo principal es ofrecer una visión más realista y basada en la evidencia, explicando qué son los problemas de salud mental, cuáles son los procesos de recuperación y qué papel juegan el entorno y los apoyos sociales. Las estrategias educativas suelen mejorar el conocimiento y las actitudes, especialmente a corto plazo. No obstante, los estudios muestran que su efecto es mayor cuando se combinan con el contacto social, ya que la información por sí sola no siempre produce cambios duraderos en el comportamiento. Acciones de protesta y activismo social Las estrategias basadas en la protesta y la incidencia social tienen como objetivo denunciar públicamente las injusticias, la discriminación y los mensajes que refuerzan el estigma. Estas acciones ponen el foco en prácticas sociales, institucionales o mediáticas que vulneran los derechos de las personas con problemas de salud mental. Aunque estas estrategias han sido menos estudiadas en términos de cambio individual de actitudes, desempeñan un papel importante en la transformación de normas sociales y en la defensa de derechos. Si se utilizan de forma aislada pueden generar rechazo, pero combinadas con educación y contacto social contribuyen a cambios más profundos y sostenidos. Un enfoque conjunto y centrado en las personas La evidencia actual señala que las intervenciones más efectivas son aquellas que combinan distintos enfoques y cuentan con la participación activa de las personas con experiencia vivida en salud mental. Su implicación no solo aumenta la eficacia de las acciones, sino que refuerza el mensaje de que la salud mental es una cuestión de derechos, inclusión y ciudadanía. Nuevo Curso del Creap: Comprendiendo y abordando el estigma en personas con personas con problema de salud mental. El estigma asociado a los problemas de salud mental constituye uno de los principales obstáculos para la recuperación, la inclusión social y el pleno ejercicio de los derechos humanos. Este curso que imparte el Creap a través de la Plataforma de Teleformación del Imserso ofrece un análisis riguroso y actualizado del estigma como fenómeno complejo y multidimensional, abordando sus efectos a nivel personal, social y estructural, así como las intervenciones más eficaces para su reducción. A lo largo del curso se examina cómo el autoestigma afecta a la autoestima, la motivación, el bienestar psicológico y la participación activa de las personas en sus propios procesos de recuperación, reforzando dinámicas de autoexclusión y dificultando la búsqueda de apoyo. Asimismo, se analizan los impactos del estigma público o social, que se manifiestan en forma de discriminación, aislamiento y restricción de derechos en ámbitos clave como el empleo, la educación, la vivienda y la atención sanitaria. El curso también profundiza en el estigma estructural, evidenciando cómo leyes, políticas públicas y prácticas institucionales pueden perpetuar desigualdades a través de modelos asistenciales insuficientes, barreras educativas y laborales, y limitaciones en el ejercicio de la autonomía y la capacidad jurídica. En una segunda parte, el programa aborda las intervenciones basadas en la evidencia para la reducción del estigma, poniendo especial énfasis en: las estrategias de contacto social (directo e indirecto) las intervenciones educativas orientadas a desmontar mitos y creencias erróneas y las estrategias de protesta e incidencia social para la defensa de derechos y el cambio de normas sociales El curso destaca la importancia de combinar estos enfoques de manera coherente y adaptada a los contextos culturales e institucionales, tal y como señalan las principales iniciativas internacionales recogidas en la literatura científica y en el informe de The Lancet. Dirigido a profesionales del ámbito sanitario, social, educativo y comunitario, este curso proporciona herramientas conceptuales y prácticas para promover procesos de recuperación integrales, basados en la dignidad, la participación activa y la inclusión social de las personas con experiencia en salud mental. Contenido relacionado Teleformación Creap 2026 Recibe la información de los próximos cursos

divendres, 24 d’abril 2026 09:33

¿De qué hablamos realmente cuando hablamos de Soledad No deseada?
20 - 03 - 2026

¿De qué hablamos realmente cuando hablamos de Soledad No deseada?

BÚSQUEDAS BIBLIOGRÁFICAS RESUELTAS | SERVICIO DE REFERENCIA Autora: Paloma Goizueta Pourthe. Psicóloga e investigadora en el área de Gestión del Conocimiento, que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U. Consulta bibliográfica resuelta El Centro de Referencia Estatal de Atención Psicosocial a Personas con Trastorno Mental Grave (Creap), dependiente del Imserso, publica una nueva búsqueda bibliográfica sobre «Soledad no deseada y TMG». A menudo podemos confundir este término con vivir solo, tener pocos contactos o pasar tiempo sin gente alrededor. Sin embargo, la soledad no deseada es un fenómeno mucho más complejo; se trata de una experiencia subjetiva de distancia con los demás y, en muchos casos, de una sensación de falta de pertenencia. Esta experiencia no es exclusiva de quienes tienen un diagnóstico de salud mental, se trata de un fenómeno que atraviesa a toda la sociedad. El Barómetro de la soledad no deseada en España 2024, del Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada de la Fundación ONCE, nos muestra que una de cada cinco personas en España la experimenta. Además, la soledad no deseada es más frecuente en contextos de vulnerabilidad como situaciones de desempleo, dificultades económicas o problemas de salud. Si nos centramos en el ámbito de la salud mental, vemos que su presencia es todavía mayor. Por ejemplo, el Estudio sobre discapacidad y soledad no deseada en España publicado por el mismo observatorio, señala que la soledad puede alcanzar hasta el 65,2% en personas con discapacidad asociada a problemas de salud mental. Literatura reciente sobre Soledad no Deseada Una idea que aparece de forma bastante clara en los estudios es que la soledad no se reduce a «estar solo». La revisión The experience of loneliness among people with psychosis: Qualitative meta-synthesis reúne 41 estudios que muestran que muchas personas con un diagnóstico de psicosis describen la soledad como una sensación de desconexión profunda, de sentirse fuera o percibir el rechazo. En este sentido, lo que se echa en falta no es solo mayor contacto social, sino relaciones recíprocas, estables y con sentido. La evidencia reciente sugiere que esta relación es compleja. Por un lado, la soledad puede aumentar el riesgo de que aparezcan dificultades en la salud mental. Por ejemplo, la reciente revisión A systematic review of the bidirectional relationship between psychosis and loneliness (Journal of Psychiatric Research, 2026) apunta a que la soledad puede actuar como factor de riesgo para la aparición de experiencias psicóticas. Por otro lado, las dificultades también pueden hacer que una persona se sienta más sola. Más allá de cómo se explique esa relación, hay una idea cada vez más clara: la soledad no deseada tiene un impacto. El estudio Impact of loneliness and living alone on negative symptoms in severe mental illness: An electronic health record data analysis (Schizophrenia Research, 2025) encontró que la soledad se asocia con un aumento de los síntomas negativos y la motivación afectando negativamente a los procesos de recuperación. Precisamente por ese impacto, en los últimos años han empezado a desarrollarse distintas propuestas dirigidas a abordar la soledad. El artículo Engaging loneliness in the psychotherapy for psychosis propone que la psicoterapia puede ser un espacio para abordar esta experiencia, trabajando tanto las barreras que dificultan el acercamiento a los demás como el estigma internalizado. Además, plantea que la relación terapéutica podría ser un lugar desde el que empezar a reconstruir ese vínculo. Aunque todavía no existen tratamientos ampliamente validados, empiezan a proponerse algunas intervenciones específicas. Por ejemplo, el ensayo A randomised feasibility trial comparing group and individual format GROUPS FOR HEALTH interventions for loneliness in people who experience psychosis (2025) evalúa una intervención grupal que tiene el objetivo de ayudar a las personas a revisar sus relaciones sociales y a encontrar formas de conectar con otras personas. Los resultados muestran que es viable y bien aceptada y que se asocia con mejoras en soledad, bienestar y la identificación social. En resumen, como hemos podido revisar la soledad no deseada es una experiencia que atraviesa diferentes contextos y que se relaciona de forma consistente con el desarrollo y la evolución de los problemas de salud mental. Se trata de un ámbito en el que todavía es necesario seguir profundizando, tanto en su comprensión como en el desarrollo de distintas formas de intervención. Para una descripción más detallada de la literatura os invitamos a consultar la última publicación del Servicio de Referencia: Soledad no deseada y TMG. Contenido relacionado Servicio de Referencia del Creap. Otras consultas de información resueltas. Formulario de solicitud de consulta bibliográfica para el Servicio de Referencia del Creap. Informes de evidencias de 2026 del Creap. Newsletters de 2026 del Creap.

divendres, 20 de març 2026 13:54

Maternidad en mujeres con problemas graves de salud mental
04 - 03 - 2026

Maternidad en mujeres con problemas graves de salud mental

Autora: Natalia Enguídanos Plasencia. Alumna en prácticas en el Área de Atención Directa en el Creap (octubre 2025-enero 2026) del Grado de Psicología de la Universitat de València. Introducción La maternidad supone un impacto trascendental en la vida de toda mujer. No solamente en términos biológicos, sino también a nivel emocional, social y psicológico. Supone una reestructuración total del rol provocando cambios en la identidad personal, en las prioridades, responsabilidades y expectativas sociales. Si este periodo supone un reto para cualquier mujer, es de vital importancia realizar un acompañamiento más específico y continuado si existe un diagnóstico previo de salud mental. Diversos estudios estiman que entre el 30% y el 60% de las mujeres con problemas de salud mental graves son madres, lo que subraya la importancia de diseñar apoyos adecuados durante el embarazo y posparto para estas mujeres. La maternidad es un periodo de especial sensibilidad emocional. En mujeres con problemas de salud mental graves puede agravarse el riesgo de descompensación, por lo que las guías clínicas recomiendan un seguimiento y una planificación previa del tratamiento. Recomendaciones farmacológicas Actualmente, las guías clínicas no recomiendan la suspensión del psicofármaco durante el embarazo o posparto, sino una toma de decisiones individualizada haciendo un balance entre los riesgos y beneficios. No obstante, sigue existiendo un miedo al riesgo teratogénico por parte de las madres que las lleva a la suspensión de la medicación durante la época gestacional. Esta supresión de la medicación puede ser perjudicial tanto para la madre como para el hijo. La evidencia científica no recomienda la suspensión puesto que el riesgo de recaída grave puede ser mayor que el riesgo farmacológico hacia el feto. Por este motivo es fundamental ofrecer información clara y rigurosa que facilite la toma de decisiones compartida. Estigma persistente Más allá de la dimensión clínica, muchas mujeres con diagnósticos de salud mental se enfrentan a un estigma persistente que cuestiona su competencia materna. Estas mujeres se enfrentan a un estigma institucional que puede derivar incluso en la retirada de la custodia. Esta mirada condiciona también la percepción social y refuerza prejuicios profundamente arraigados. Además, la idea social de la “buena madre” genera una presión constante que lleva a muchas mujeres a juzgar su propio proceso de maternidad, cayendo en comparaciones y desarrollando sentimientos de insuficiencia. En mujeres con trastorno mental grave, este relato se suma al estigma propio del diagnóstico, lo que facilita un autoestigma especialmente intenso. Consecuentemente, estas mujeres pueden dudar de sí mismas como madres, sentir que pierden el control de su rol materno y de su salud mental. Este autoestigma también influye en la menor búsqueda de ayuda, principalmente por miedo a ser juzgadas o castigadas. Por ello, más que centrarnos únicamente en los factores de riesgo, resulta fundamental promover un apoyo especializado durante el embarazo y el posparto, una buena coordinación entre los servicios de salud mental y sociales, y programas que refuercen el vínculo entre madre e hijo. Intervenciones especializadas Sin embargo, en España, las intervenciones especializadas para este colectivo siguen siendo escasas. La evidencia señala que los programas más eficaces combinan tratamiento del trastorno mental grave, apoyo al rol materno y trabajo con la familia. Las terapias psicológicas más avaladas son la Terapia Cognitivo Conductual, grupos psicoeducativos y de apoyo entre iguales, así como intervenciones que trabajan el vínculo madre-bebé, las habilidades de lectura de señales del niño y apoyo en la crianza. Estas intervenciones han evidenciado que, cuando existe un apoyo integral, se promueve una mayor estabilidad familiar y mejora significativamente la experiencia de la maternidad. Si los programas especializados en España ya son limitados, los recursos específicos dirigidos a la salud mental perinatal lo son aún más. Actualmente, uno de los pocos recursos especializados es el Hospital de Día Madre-Bebé del Hospital Clínic de Barcelona, un recurso para madres con trastornos mentales que acaban de tener un hijo. Este recurso es pionero en el Estado y tiene como objetivo favorecer un espacio terapéutico confortable que permita la continuidad de la atención de la madre y del bebé, favoreciendo el vínculo y el cuidado, así como la prevención, detección y la intervención de los TMG mediante el uso de tratamientos especializados en las patologías mentales perinatales. Visibilizar esta realidad es fundamental para avanzar hacia modelos de atención más sensibles, integrales y libres de estigma, que acompañen a estas mujeres en su maternidad sin cuestionar su derecho a ejercerla, proporcionando los apoyos necesarios para que puedan desarrollarla con seguridad, dignidad y bienestar. Referencias Ríos, R. R., Tato, M. N., Otero, S. P., Loureiro, S. M., Álvarez, S. G. L., Castiñeira, M. C., & Otero, M. D. C. V. (2016). Maternidad y trastorno mental grave. Norte de Salud Mental, 14(55), 55-65. National Institute for Health and Care Excellence. (2014, updated 2020). Antenatal and postnatal mental health: Clinical management and service guidance (CG192). https://www.nice.org.uk/guidance/cg192 Ayesa-Arriola, R., Parás, C., & Díaz-Pons, A. (2025). Motherhood and Childhood in the Context of Mental Illness: A Narrative Review. Women, 5(3), 26. Sharma, V., & Mazmanian, D. (2021). Searching the puerperal trigger of bipolar disorder. Bipolar Disorders, 23(5). Alderdice, F., & Kelly, L. (2019). Stigma and maternity care. Journal of Reproductive and Infant Psychology, 37(2), 105-107. Hospital Clínic de Barcelona. (2018, 20 de marzo). El Clínic pone en marcha un Hospital de Día para madres con trastornos mentales que acaban de tener un hijo. https://www.clinicbarcelona.org/noticias/el-clinic-pone-en-marcha-un-hospital-de-diapara-madres-con-trastornos-mentales-que-acaban-de-tener-un-hijo

dijous, 05 de març 2026 08:21

Sobrediagnóstico de trastornos mentales en personas adultas: Una mirada crítica para mejorar la calidad de vida II
19 - 05 - 2025

Sobrediagnóstico de trastornos mentales en personas adultas: Una mirada crítica para mejorar la calidad de vida II

CALIDAD DE VIDA | CONTENIDOS ESPECIALIZADOS Jorge Marredo Rosa. Psicólogo investigador. Coordinador del área de Gestión del Conocimiento, que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U. En la anterior parte del artículo (enlace) hablamos de qué es el sobrediagnóstico, sus causas y consecuencias. En esta otra parte nos centraremos que podemos hacer para prevenirlo y afrontarlo. ¿Qué podemos hacer? Alternativas para un abordaje más justo y eficaz Ajustar el diagnóstico a la realidad. Urge formar mejor a los profesionales, dotarlos de herramientas clínicas rigurosas y promover una evaluación que tenga en cuenta no solo los síntomas, sino el contexto y el impacto funcional real en la vida de la persona. Frente a categorías cerradas, hay que recuperar el sentido clínico y la visión integral. A veces, simplemente escuchar mejor puede evitar un diagnóstico apresurado. Intervenir sin medicalizar. Para los casos donde los síntomas son leves o situacionales, conviene valorar estrategias como la observación activa, el acompañamiento psicológico o las intervenciones comunitarias. Terapias como la cognitivo-conductual, el mindfulness, el deporte o los grupos de apoyo pueden marcar una diferencia sustancial sin necesidad de fármacos. Muchos de estos recursos funcionan especialmente bien cuando se integran desde la atención primaria, que debería ser un punto clave en cualquier estrategia de salud mental. Formar e informar. Mejorar la cultura en salud mental de la población es una de las claves. Hay que enseñar —en serio— a distinguir entre malestar y patología, y a buscar ayuda adecuada sin caer en el diagnóstico como única salida. También es necesario fomentar decisiones compartidas en consulta, donde la persona diagnosticada no sea un receptor pasivo, sino un actor informado y activo. Reformar desde la raíz. No podemos hablar de salud mental sin hablar de vivienda, trabajo, relaciones sociales o precariedad. Los determinantes sociales del malestar están ahí, y cualquier política pública que los ignore está condenada a parchear en lugar de transformar. También es urgente regular mejor la relación entre profesionales e industria farmacéutica, velando por una práctica ética y basada en el beneficio real de la persona diagnosticada. Por último, necesitamos más y mejor investigación: estudios que afinen los criterios diagnósticos, biomarcadores que nos saquen del terreno ambiguo, y evaluaciones serias sobre qué intervenciones funcionan… y cuáles no. Tecnología al servicio de las personas. Las herramientas digitales, bien diseñadas, pueden acercar servicios, facilitar seguimientos, y dar respuestas ágiles especialmente en zonas donde la atención presencial es limitada. Pero deben ser eso: herramientas, no atajos. Conclusión: Diagnosticar Menos, Acompañar Mejor El sobrediagnóstico revela una paradoja difícil de resolver: queremos que se hable más de salud mental, pero corremos el riesgo de que se convierta en un cajón de sastre donde todo cabe. No se trata de negar el sufrimiento, sino de aprender a leerlo con más matices. La solución no está en eliminar diagnósticos, sino en usarlos con rigor, sensibilidad y sentido. En mirar más allá de los síntomas, en apostar por tratamientos que pongan a la persona en el centro y en construir sistemas de salud mental que no solo respondan, sino que comprendan. En definitiva, se trata de devolverle al sufrimiento su dignidad, sin reducirlo a etiquetas, y de confiar en la capacidad de las personas para sanar, reconstruirse y, sobre todo, vivir con sentido. Contenido relacionado Sobrediagnóstico de trastornos mentales en personas adultas: Una mirada crítica para mejorar la calidad de vida.

dilluns, 19 de maig 2025 08:32

Sobrediagnóstico de trastornos mentales en personas adultas: Una mirada crítica para mejorar la calidad de vida
13 - 05 - 2025

Sobrediagnóstico de trastornos mentales en personas adultas: Una mirada crítica para mejorar la calidad de vida

CALIDAD DE VIDA | CONTENIDOS ESPECIALIZADOS Jorge Marredo Rosa. Psicólogo investigador. Coordinador del área de Gestión del Conocimiento, que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U. ¿Estamos psicopatologizando la vida? Cada vez es más común que personas adultas reciban un diagnóstico de trastorno mental sin que exista una clara justificación clínica. Hablamos de casos en los que lo que debería considerarse una reacción comprensible ante el estrés o el sufrimiento cotidiano termina convertido en una etiqueta diagnóstica. Esta tendencia —conocida como sobrediagnóstico— tiene implicaciones profundas y no siempre inocuas. Se calcula que cientos de millones de personas en todo el mundo viven con algún diagnóstico de salud mental. Y en ciertos países, uno de cada cinco adultos cumple criterios para ser diagnosticado anualmente. Pero detrás de estas cifras impactantes, hay matices que conviene explorar. Porque no toda tristeza es depresión, ni toda inquietud, un trastorno de ansiedad. El problema aparece cuando, en vez de acompañar, interpretamos malestar como enfermedad, con lo que eso conlleva en términos personales y sociales. Las diferencias en cómo los países abordan la salud mental también son reveladoras: mientras algunos dedican una parte significativa de su presupuesto sanitario a este ámbito, otros apenas rascan la superficie. El resultado es un panorama desigual, con intervenciones dispares y efectos contradictorios. ¿Por qué diagnosticamos de más? Se puede afirmar con rotundidad que no hay una sola causa, sino un entramado de razones que se retroalimentan. Clínica y sistema sanitario. La progresiva ampliación de los manuales diagnósticos ha terminado por diluir los límites entre lo patológico y lo normal. Ejemplos sobran: lo que antes se consideraba una tristeza profunda ante una pérdida, hoy puede etiquetarse como depresión mayor. Además, el modelo biomédico dominante favorece soluciones rápidas, a menudo farmacológicas, dejando de lado el contexto vital y emocional de cada persona. En la práctica diaria, la falta de tiempo, de herramientas adecuadas o de formación específica —sobre todo en atención primaria— puede llevar a diagnósticos precipitados. Y si a esto sumamos la tendencia a "pecar por exceso" para no dejar escapar un posible caso, se entiende por qué tantos diagnósticos resultan innecesarios o incluso contraproducentes. Cultura y sociedad. Vivimos en una época donde el lenguaje psicológico se ha democratizado… pero también trivializado. Sentirse mal es legítimo, claro está, pero eso no significa que siempre haya que ponerle nombre clínico. Muchas veces buscamos en un diagnóstico una forma de validación, de entender lo que nos pasa, sin cuestionar si es realmente la vía más adecuada para sanar. Esta búsqueda, aunque comprensible, alimenta un círculo vicioso entre la demanda de diagnósticos y su oferta desmedida. Intereses económicos. Aquí también entra en juego la influencia de la industria farmacéutica, que no es menor. La promoción de fármacos, a través de campañas sutiles o directas, contribuye a extender diagnósticos a poblaciones cada vez más amplias. En ocasiones, lo que necesita contención o escucha termina siendo medicado, a menudo sin necesidad real. Efectos del sobrediagnóstico: más allá del papel No se trata solo de una cuestión teórica. Las consecuencias son muy concretas y, en muchos casos, dañinas. En la vida de las personas. Recibir un diagnóstico erróneo o innecesario puede derivar en tratamientos farmacológicos que implican efectos secundarios, dependencia o una falsa sensación de invalidez. Las etiquetas también pesan: afectan cómo uno se ve, cómo lo ven los demás y qué decisiones toma. Pueden restringir oportunidades laborales, sociales o vitales, generando una sensación de fragilidad aprendida. Y hay otro efecto silencioso pero poderoso: la idea de que necesitamos siempre un sistema que nos sostenga, incluso cuando tal vez podríamos salir adelante con apoyo emocional, tiempo o recursos comunitarios adecuados. En el sistema de salud. Los recursos no son infinitos. Cada diagnóstico innecesario desvía tiempo, atención y dinero que podrían destinarse a quienes realmente lo necesitan. El resultado: listas de espera más largas, profesionales saturados, tratamientos menos personalizados. En otras palabras, se diluye la calidad del sistema.

dimarts, 13 de maig 2025 08:32

La concepción de «Envejecimiento Saludable» en personas con Trastorno Mental Grave (TMG)
30 - 10 - 2024

La concepción de «Envejecimiento Saludable» en personas con Trastorno Mental Grave (TMG)

Autora: Sheila Peinado Espí. Psicóloga, Mediadora Intercultural y alumna en prácticas en Gestión del Conocimiento del Creap del Máster de Psicología General Sanitario de la Universitat de València. Introducción La población de personas mayores de 65 años está creciendo cada vez más en todo el mundo, por lo que es de vital importancia investigar el envejecimiento de personas con Trastorno Mental Grave (TMG). El envejecimiento es un proceso natural y continuo, que lleva consigo diversas transformaciones a lo largo del curso vital, por lo que es inevitable no envejecer. La literatura científica ha tratado de encontrar estrategias que puedan seguirse a lo largo de la vida, para alcanzar un proceso de vejez saludable. Estas intervenciones y prevenciones sociales en la población envejecida están dirigidas a tener un envejecimiento activo y saludable, a través de la mejora de diversos ámbitos de la vida, como, por ejemplo: fomentar la salud mental en la adultez tardía, prevenir la soledad no deseada o realizar ejercicio con normalidad. Pero ¿qué ocurre con aquellas personas que tienen TMG y envejecen? Las personas con TMG tienen menor expectativa de vida que la población general, debido mayormente a enfermedades físicas prevenibles. En el desarrollo de TMG intervienen múltiples factores, siendo los más importantes los biológicos (por ejemplo, la predisposición genética), los psicológicos (por ejemplo, la personalidad) y los sociales (por ejemplo, consumo de drogas). Todas las intervenciones deben ir dirigidas en este sentido, realizando una rehabilitación psicosocial individualizada e intervenir en las áreas que la persona tenga más afectadas. También se encuentran con otras dificultades como el acceso limitado a la atención médica, la estigmatización o hábitos menos saludables. Estos factores hacen que sea relevante integrar la atención médica y la salud mental, para poder mejorar la calidad de vida y en consecuencia disminuir la tasa de mortalidad precoz. Necesidades psicosociales A todas las dificultades a las que se enfrentan, se le suma la escasez de estudios referidos a las necesidades específicas de las personas con TMG que envejecen. Dada la carencia de investigación centrada en este ámbito, existen pocos instrumentos validados que recojan el riesgo psicosocial asociado al envejecimiento. En 2010, se realizó una escala sobre cómo pueden ser una amenaza al envejecimiento saludable aquellas necesidades no cubiertas. Por lo que se cuenta con 40 necesidades psicosociales a evaluar en personas con TMG, resumidas en: recursos económicos, medicación, acceso a la vivienda, intervención en salud mental y atención primaria, entorno familiar, autonomía personal, hábitos saludables, ocupación y ámbito social. Si las necesidades están cubiertas, influyen de forma positiva en el progreso del TMG. Se conoce la importancia absoluta que tienen el ámbito social y familiar, ya que ambos median en la modulación de genes y en la evolución favorable de Trastornos Mentales crónicos. Por ello, ante los eventos o cambios vitales suponen un gran factor de protección y, por tanto, un indicador de envejecimiento saludable. Conclusión Una de cada cuatro personas tiene alguna enfermedad mental a lo largo de su vida y suponen un 40% de las enfermedades crónicas. Por lo que queda explícita la relevancia sobre la necesidad de dirigir intervenciones hacia la población que envejece con TMG. Aun sabiendo la importancia que tiene el estudio de pautas específicas para fomentar una vida saludable, diversos autores señalan la poca iniciativa que hay disponible para encontrar estrategias de prevención e intervención a largo plazo enfocadas en un envejecimiento saludable para personas con TMG. Se tiene la capacidad, por tanto, de detectar las carencias que puede tener una persona con TMG, pero actualmente son pocas las posibilidades de intervenir sobre ellas en el envejecimiento. En esta misma línea los profesionales podemos empezar tomando conciencia de que las nuevas formas de estigmatizar o de prácticas coercitivas han adoptado nuevas formas más sutiles, pero que al igual que las antiguas pueden ser condescendientes, permisivas o sobreprotectoras, dificultando así el desarrollo de la autonomía en los adultos mayores con TMG. La toma de conciencia de la necesidad de apoyos adicionales en el proceso de envejecimiento se torna así en una valiosa perspectiva mediadora en el desarrollo vital de las personas con TMG de cara a su envejecimiento saludable. Por otro lado, pese a que existen múltiples recursos sociosanitarios dirigidos a la salud mental y la rehabilitación psicosocial como son: Unidades de Salud Mental, Hospitalización Psiquiátrica y Domiciliarias; Centros de día; Centros de Rehabilitación e Integración Social (CRIS); Viviendas tuteladas, etc. Así como otros recursos más específicos dirigidos a la integración laboral o social, todavía queda pendiente el desarrollo mayoritario de recursos especializados en envejecimiento saludable para personas con TMG. Este es el último eslabón para que las personas usuarias puedan aprender diversas habilidades para la toma de decisiones autónoma en este periodo vital, abriendo la puerta a más investigación a largo plazo y consiguiendo evidencia para programas específicos de envejecimiento saludable en personas con TMG. Referencias bibliográficas Cancino, M., Terán-Mendoza, O., & Medina-Valdebenito, D. (2024). Malestar psicológico y envejecimiento: Análisis psicométrico del DASS-21 y relaciones estructurales con calidad de sueño y apoyo social.: Malestar psicológico y envejecimiento. Anuario de Psicología/The UB Journal of Psychology, 54(1). Domingo, T. G. (2024). Reto Mundial: Decenio del Envejecimiento Saludable 2021-2030. Análisis y Modificación de Conducta, 50(182), 3-19. Ramírez, F. B., Misol, R. C., Bentata, L. C., Alonso, M. D. C. F., Campayo, J. G., Franco, C. M., & García, J. L. T. (2016). Recomendaciones para la prevención de los trastornos de la salud mental en atención primaria. Atención Primaria, 48(Suppl 1), 77. Vargas, M. L., Quintanilla, P., Lozano, Á., & Sendra-Gutiérrez, J. M. (2013). Riesgo psicosocial asociado al envejecimiento en el trastorno mental grave: validación y baremación de la Escala de Riesgo Psicosocial Feafes Castilla y León (ERP). Rehabilitación Psicosocial, 10(1), 3-10. Vargas M, Quintanilla P, Vega B, Lozano A. Escala de Riesgo Psicosocial Feafes Castilla y León (ERP): procedimiento de construcción mediante metodología cualitativa y presentación de la escala. Norte de salud mental. 2010;8(38):26-35.

dijous, 31 d’octubre 2024 12:02

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