Volver

Emociones ante el diagnóstico de una demencia

27 - 01 - 2016

Categorías: Opinión

LETICIA RODRÍGUEZ SÁNCHEZ PSICÓLOGA

«Mientras unos intentan olvidar, otros luchan por recordar…»

Cuando a un ser querido se le diagnostica una demencia, del tipo que sea, de repente nos encontramos ante una serie de preguntas para las que nadie tiene respuestas y ante una avalancha de emociones que parece que se nos van a escapar por todas y cada una de nuestras extremidades.

Una de las primeras emociones que experimentamos es una tranquilidad que nos recorre como una sacudida, ya que desde ese momento le ponemos nombre y apellidos a una serie de comportamientos inusuales que hemos venido observando desde hace algún tiempo; y al final no es que nos estuviéramos volviendo locos, sino que un monstruo se ha apoderado de nuestro familiar, haciendo que éste se comporte de manera extraña.

Una vez que pasamos de esa tranquilidad, un miedo comienza a subir desde los pies hasta la cabeza, miedo a no saber qué hacer, cómo ayudar, la medicación, ¿cómo se lo digo?, ¿y cuándo no me reconozca?, ¿y si está muy agitado, sabré calmarle?… Sabemos que se nos van a presentar situaciones difíciles y nos asusta no saber si seremos capaces de afrontarlas. El miedo a lo desconocido nos lleva a un precipicio de emociones e inseguridades que hace que todos nuestros pilares se tambaleen.

Una tristeza nos invade al tomar conciencia de lo que conlleva una demencia, porque en la actualidad todos hemos oído a algún amigo que ha vivido este tipo de situaciones, los anuncios publicitarios, personajes públicos, películas… y sabemos que con el tiempo el único recuerdo será el que tengamos nosotros. En ese momento, recuerdas las batallas que tu ser querido ha librado a lo largo de su vida, recuerdas la entereza con que se ha enfrentado a los problemas, lo que ha luchado y trabajado por sacar a su familia adelante… y ahora ya no recordará ni quién es.

Pero junto con a estas emociones y sensaciones también se advierte una implosión de rabia porque no entendemos por qué a nuestro familiar, por qué justo en este momento en que podía disfrutar…

Y todo esto unido a la incertidumbre de ¿y ahora qué?; ya tenemos el diagnóstico, pero ¿cuál es el siguiente paso? Todas las emociones que aparecen debemos vivirlas, integrarlas y aceptarlas, sin juzgar, sin hacernos los «fuertes»; si tenemos que llorar pues lloremos. Sólo así podremos empezar a librar esta dura batalla que implica una demencia dentro del núcleo familiar.

Es importante que desde ese momento tengamos muy presente que si vamos a ser el cuidador principal debemos cuidarnos, porque para cuidar debemos de estar bien nosotros, tendremos que tener momentos de respiro para poder desconectar y cargar pilas, acudir a encuentros con otros familiares que estén en la misma situación, porque así podremos compartir experiencias y estrategias que nos pueden ayudar. Pero, sobre todo, debemos querernos y cuidarnos mucho, no sentirnos culpables o responsables de la situación, algo muy característico en la vivencia de este tipo de enfermedades. Debemos recordar que lo único que permanece intacto es la memoria emocional: quizás no recordará quién es, pero si recordará la emoción de un beso, la ternura de abrazo, el cariño de una mirada… quizás ellos no recuerden quiénes son, pero nosotros sí sabemos lo que sus recuerdos provocan en nuestro corazón.

«El Alzheimer borra la memoria, no los sentimientos» (Pasqual Maragall).

domingo, 06 novembro 2022 10:57

MÁS ARTÍCULOS

Publicador de contidos

Etiquetas

xoves, 17 novembro 2022 18:15

Cargando...
Cargando...

Cargando...

Visítanos

Entradas recientes

luns, 26 setembro 2022 16:32

Servicios