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Monday, 21 November 2022 10:51
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Envejecer con un trastorno mental grave: la experiencia de los centros es clave para mejorar la atención
Categorías: La actividad en el Creap , Día a día en el Creap , Trabajo en Red , Contenidos especializados
Etiquetas: trastorno mental grave (tmg) , investigación , enfermedad mental , salud comunitaria , salud , gestión del conocimiento , rehabilitación psicosocial , servicios sociales , autonomía
Autor: Jorge Marredo Rosa. Psicólogo investigador. Coordinador del área de Gestión del Conocimiento, que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U. ¿Qué ocurre cuando una persona que lleva años participando en un programa de rehabilitación psicosocial comienza a necesitar nuevos apoyos relacionados con su salud física, su autonomía o sus cuidados cotidianos? ¿Cómo responder cuando las necesidades asociadas al envejecimiento requieren recursos y formas de atención que no siempre están suficientemente coordinados? Son situaciones que muchos centros y profesionales conocen de primera mano. El envejecimiento de las personas con trastorno mental grave (TMG) plantea desafíos que afectan a la organización de los servicios, la continuidad asistencial y la capacidad de ofrecer apoyos adaptados a cada etapa de la vida. También plantea preguntas sobre cómo preservar la autonomía, la participación comunitaria y las preferencias de las personas a medida que cambian sus circunstancias. Encontrar respuestas adecuadas exige comprender mejor cómo están viviendo este proceso y qué dificultades afrontan quienes las acompañan. Un desafío compartido que necesitamos conocer mejor Los centros de atención psicosocial, los recursos residenciales, los servicios comunitarios y otros dispositivos sanitarios y sociales acumulan una experiencia valiosa en el acompañamiento a personas con TMG. Sus profesionales conocen situaciones muy diversas: desde personas que mantienen una vida autónoma con apoyos puntuales hasta aquellas que necesitan una atención más continuada y una mayor coordinación entre servicios. Sin embargo, todavía contamos con información insuficiente para comprender en toda su amplitud cómo se está atendiendo a las personas que envejecen con estos trastornos en España. ¿Qué necesidades encuentran mayores dificultades para obtener respuesta? ¿Cómo se adaptan los recursos existentes? ¿Qué obstáculos aparecen en la coordinación asistencial? ¿Qué opinan las propias personas sobre los cuidados y apoyos que reciben? Reunir información procedente de diferentes territorios y contextos permitirá avanzar hacia una visión más completa de esta realidad e identificar cuestiones relevantes para la planificación y mejora de los servicios. Una investigación para escuchar a quienes conocen esta realidad Con este propósito, la Fundación Pilares para la Autonomía Personal, en colaboración con el Centro de Referencia Estatal de Atención Psicosocial (Creap) y con financiación del Imserso, está desarrollando un estudio epidemiológico de ámbito nacional sobre la atención y los cuidados de las personas mayores de 60 años con trastorno mental grave y prolongado. La investigación incorpora tres perspectivas complementarias: las experiencias de las propias personas, el conocimiento de los profesionales y las vivencias de sus familiares y personas cuidadoras. A través de estas aportaciones, el estudio pretende conocer mejor las necesidades existentes, las respuestas que ofrecen los servicios y las dificultades que aparecen en la atención cotidiana. Sus resultados podrán contribuir a fundamentar futuras propuestas de mejora y ofrecer información útil para los profesionales, las entidades y las administraciones responsables de la planificación de recursos. ¿Por qué es importante que participe vuestro centro? Cada centro conoce una parte de esta realidad. Un recurso de rehabilitación psicosocial puede identificar necesidades distintas de las que aparecen en un servicio residencial o en un programa de apoyo comunitario. Las características del territorio, los perfiles de las personas atendidas y la disponibilidad de recursos también influyen en las respuestas que pueden ofrecerse. Esta diversidad de experiencias constituye uno de los principales valores de la investigación. La participación de vuestro centro puede ayudar a visibilizar necesidades, dificultades y formas de atención que merecen ser conocidas y tenidas en cuenta. También puede contribuir a identificar problemas compartidos entre servicios y aportar elementos para reflexionar sobre cómo mejorar los apoyos. Además, los centros desempeñan un papel importante para facilitar que las personas atendidas tengan la oportunidad de expresar sus propias experiencias y preferencias. Su participación voluntaria permitirá incorporar una perspectiva imprescindible para comprender qué aspectos de los cuidados resultan más relevantes en su vida cotidiana. Colaborar en el estudio supone, por tanto, una oportunidad para que el conocimiento generado en la práctica profesional contribuya a una investigación cuyos resultados estarán disponibles para el conjunto del sector. ¿Cómo podéis colaborar? La participación está abierta a entidades y profesionales vinculados a la atención de personas mayores con problemas graves de salud mental. Si sois responsables de un centro, podéis contactar con el equipo investigador para conocer las posibilidades de colaboración y valorar cómo facilitar la participación desde vuestro recurso. El estudio contempla tres vías de recogida de información: Personas mayores de 60 años con trastorno mental grave y prolongado, mediante encuestas guiadas por profesionales, que permitirán recoger sus experiencias y necesidades. Profesionales con experiencia en la atención y los cuidados de esta población, a través de cuestionarios sobre los apoyos, recursos y desafíos asistenciales. Familiares y personas cuidadoras, mediante grupos focales en línea en los que compartir sus vivencias y propuestas de mejora. La participación es voluntaria y los datos se tratarán de forma anónima y confidencial, conforme a las condiciones establecidas para la investigación. Los resultados se publicarán en acceso abierto y las entidades colaboradoras serán reconocidas en las publicaciones derivadas del estudio. Para dar el primer paso, basta con ponerse en contacto con el equipo investigador y solicitar información. Allí podréis conocer las modalidades de participación y valorar cuáles se ajustan mejor a las características de vuestro centro. Vuestra experiencia puede contribuir a mejorar el conocimiento disponible Las decisiones sobre los apoyos y cuidados de las personas que envejecen con un TMG necesitan contar con información que refleje la diversidad de situaciones existentes. La experiencia de los centros y de las personas que forman parte de ellos puede realizar una aportación valiosa a ese conocimiento. Desde el Creap animamos a las direcciones y responsables de centros sanitarios, sociales y sociosanitarios a colaborar en esta investigación y facilitar la participación de sus profesionales y de las personas atendidas que deseen hacerlo. Si vuestro centro trabaja con esta población, os invitamos a contactar con el equipo investigador: Fundación Pilares para la Autonomía Personal: investigacion@fundacionpilares.org También podéis solicitar información a través del Creap: infocreap@imserso.es Vuestro centro conoce una parte de esta realidad. Ayudadnos a que también forme parte de la investigación.
Friday, 23 October 2026 10:00
Ley 8/2021 y rehabilitación psicosocial: de la norma a la práctica cotidiana
Categorías: La actividad en el Creap , Día a día en el Creap , Contenidos especializados , Resúmenes, Cursos y Talleres
Etiquetas: trastorno mental grave (tmg) , formación especializada , legislación , empoderamiento , gestión del conocimiento , divulgación , derechos humanos , justicia , vulnerabilidad
Autor: Jorge Marredo Rosa. Psicólogo investigador. Coordinador del área de Gestión del Conocimiento, que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U. La Ley 8/2021 ha supuesto un cambio profundo en la forma de entender el apoyo a las personas con discapacidad y, con ello, plantea preguntas muy concretas para quienes trabajamos en rehabilitación psicosocial. ¿Cómo se traduce el principio de autonomía en decisiones reales? ¿Qué cambia cuando la intervención deja de centrarse en sustituir decisiones y pasa a organizar los apoyos necesarios para que la persona pueda participar en ellas? ¿Cómo actuar cuando existen dificultades cognitivas, síntomas psicopatológicos o limitaciones relevantes para comprender determinada información? Estas preguntas están lejos de ser teóricas. Aparecen en la práctica diaria, en reuniones de equipo, en la elaboración de planes de atención, en la relación con las familias y en decisiones aparentemente pequeñas que, en realidad, afectan directamente a la autonomía y al proyecto de vida de la persona. Precisamente por eso, esta segunda edición del curso sobre Ley 8/2021 y su aplicación en rehabilitación psicosocial se ha planteado desde una perspectiva muy práctica: comprender el marco legal, sí, pero sobre todo aprender a reconocer qué implica en situaciones reales de intervención. El curso está dirigido a profesionales de los ámbitos sanitario y sociosanitario que trabajan en centros de rehabilitación psicosocial, centros de día, recursos residenciales, pisos supervisados, centros especiales de empleo, programas de empleo con apoyo y otros dispositivos vinculados a la rehabilitación psicosocial. La intención no es convertir a los participantes en especialistas en Derecho, sino ofrecerles un marco suficientemente sólido para interpretar los cambios introducidos por la Ley y trasladarlos con criterio a su trabajo cotidiano. Autonomía, apoyo a la toma de decisiones y realidad clínica Uno de los aspectos que más nos interesa trabajar como docentes es precisamente esa traducción entre la norma y la práctica. La Ley 8/2021 introduce principios como la autonomía, la inclusión, la no discriminación y el respeto a la voluntad y preferencias de la persona. Pero esos principios solo cobran sentido cuando se aplican a situaciones concretas: cómo se comunica una decisión, cómo se valora la comprensión, cómo se negocia un objetivo, qué apoyos pueden facilitar la participación o cuándo es necesario revisar la forma en que estamos interviniendo. En el ámbito del Trastorno Mental Grave (TMG), estas cuestiones adquieren especial relevancia. La existencia de un diagnóstico no determina por sí misma la capacidad de una persona para tomar decisiones, pero tampoco puede ignorarse que determinados síntomas, déficits cognitivos o circunstancias clínicas pueden dificultar, en momentos concretos, la comprensión, la deliberación o la expresión de preferencias. Por eso el curso dedica una parte específica a analizar la diferencia entre capacidad jurídica y capacidad de obrar, así como las formas de promover la autonomía sin simplificar situaciones que, en la práctica, pueden ser complejas. Ese diálogo entre el marco jurídico y la realidad clínica es uno de los elementos que hacen especialmente vigente esta formación. Se abordará cómo determinados diagnósticos y síntomas pueden influir en el funcionamiento y la comprensión, qué papel pueden desempeñar los déficits cognitivos asociados al TMG y cómo determinados efectos de la medicación pueden influir en el nivel de actividad o participación. El objetivo no es utilizar estos factores como argumentos para excluir a la persona de las decisiones, sino aprender a identificarlos para adaptar la comunicación, graduar los apoyos y favorecer una participación tan efectiva como sea posible. La formación también presta una atención especial a los derechos humanos. Autonomía, dignidad y participación no deben quedar reducidas a declaraciones generales: se concretan en la manera en que se formula una propuesta, se explica una consecuencia, se recoge una preferencia o se incorpora la opinión de una persona a su plan de atención. Por eso hemos querido que el curso combine los contenidos conceptuales con casos prácticos, ejemplos y situaciones habituales en los recursos de rehabilitación psicosocial. La utilidad de una formación como esta se mide, en buena parte, por lo que el profesional puede aplicar al volver a su puesto de trabajo. Una formación práctica para afrontar los retos actuales El curso será impartido por Víctor González Ayuso, psicólogo general sanitario, especialista en intervención y terapia familiar e investigador en el ámbito del estigma en salud mental, y por mi mismo, Jorge Marredo Rosa, doctor en Psicología, psicólogo general sanitario especializado en rehabilitación psicosocial y coordinador del área de Gestión del Conocimiento del Creap. Desde nuestra experiencia profesional e investigadora en el centro, hemos planteado los contenidos con una intención muy concreta: que sean rigurosos, actuales y, sobre todo, útiles para afrontar problemas que los equipos ya están encontrando en su práctica diaria. La formación tendrá una duración de 12 horas y se desarrollará íntegramente online del 13 al 27 de octubre de 2026. La automatrícula estará abierta los días 6, 7 y 8 de octubre a través de la Plataforma de Teleformación del Imserso. Si las plazas disponibles se cubren antes de finalizar ese periodo, la inscripción se cerrará automáticamente. Más allá de conocer una reforma legislativa, el objetivo es disponer de mejores herramientas para responder a una cuestión que atraviesa toda la rehabilitación psicosocial: cómo acompañar y apoyar sin sustituir, cómo proteger sin anular y cómo hacer posible que la persona participe de forma efectiva en las decisiones que afectan a su propia vida. Esa es, probablemente, la parte más exigente de la Ley 8/2021, pero también la que la convierte en un contenido especialmente actual y necesario para nuestra práctica profesional. Contenido relacionado Curso de Teleformación «Implicaciones prácticas de la Ley 8/2021 en Salud Mental»
Monday, 05 October 2026 09:06
Día Internacional de la Educación Social 2026: acompañar, conectar y transformar
Etiquetas: actualidad , empoderamiento , inclusión social , gestión del conocimiento , divulgación , educación social
DÍAS MUNDIALES | EDUCACIÓN SOCIAL Autor: Francisco Cháfer Ortiz. Educador social en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U. Cada 2 de octubre se conmemora el Día Internacional de la Educación Social, una fecha que reconoce la labor de las educadoras y educadores sociales en la construcción de sociedades más inclusivas, participativas y cohesionadas. La Educación Social desarrolla un papel fundamental en ámbitos tan diversos como la infancia y la adolescencia, la atención a personas mayores, la discapacidad, la salud mental, la inclusión social, la mediación comunitaria o el acompañamiento a personas en situación de vulnerabilidad. Su trabajo contribuye a generar oportunidades, fortalecer vínculos y promover la participación activa de las personas en sus entornos. En 2026, entre los principales retos y líneas de reflexión del sector destacan la incorporación de profesionales de la Educación Social al sistema educativo, la respuesta a las necesidades emergentes en salud mental, el papel de la intervención socioeducativa en situaciones de emergencia y la importancia de reforzar las redes comunitarias de apoyo. Desde el Creap queremos sumarnos a esta conmemoración poniendo en valor una profesión que acompaña procesos de cambio, fomenta la autonomía personal y comunitaria y trabaja cada día para favorecer la inclusión y el bienestar de las personas. Aprovechando la conmemoración de este día, Francisco Cháfer Ortiz, educador social en el Creap a través de Grupo 5 analiza los principales retos de la figura del educador social en el ámbito del trastorno mental grave. Papel en la atención a personas con trastorno mental grave y salud mental comunitaria En la atención a personas con trastorno mental grave, la Educación Social aporta un enfoque integral de la salud que abarca las dimensiones física, mental y social. Sus funciones clave en este ámbito abarcan: Modelo psicoeducativo y autonomía: Trabaja de forma directa con la persona mediante el entrenamiento en habilidades de la vida diaria, técnicas cognitivas, estimulación cognitiva, educación para la salud y gestión del estrés. Adherencia al tratamiento y prevención de recaídas: Acompaña a las personas usuarias en la comprensión de su diagnóstico y en la importancia del tratamiento farmacológico, lo que fortalece su autonomía y prepara su reincorporación a un entorno normalizado. Apoyo y cohesión familiar: Ofrece orientación y formación a los entornos familiares para comprender la naturaleza de la enfermedad mental, ayudando a reducir el estrés familiar, la sobreprotección y los sentimientos de culpa o frustración. Puente entre el entorno clínico y la comunidad: Conecta a los equipos sanitarios u hospitalarios con los recursos comunitarios (centros cívicos, laborales y educativos), facilitando la desestigmatización de la enfermedad mental fuera de los centros sanitarios. Promoción de la salud y prevención: Desarrolla iniciativas de sensibilización frente a factores de riesgo que afectan al bienestar social y emocional. Principales retos en el trabajo diario con personas con trastorno mental grave El personal de Educación Social que interviene en salud mental y exclusión social afronta diversos desafíos profesionales y estructurales: Integración en equipos de salud mental: Resulta necesario consolidar su rol pedagógico y socioeducativo dentro de los sistemas sanitarios y de las unidades de salud mental, donde históricamente ha predominado un enfoque únicamente clínico. Reconocimiento y regulación profesional: Se requiere aprobar una Ley de Educación Social que regule la profesión y garantice la inclusión formal de esta figura en las plantillas de las administraciones públicas. Equidad e inequidad territorial: Persiste una falta de cobertura equitativa de profesionales de referencia entre diferentes comunidades autónomas y sectores de intervención. Precarización y atención a situaciones complejas: El trabajo se desarrolla en un contexto de precariedad laboral y formas severas de exclusión social, debiendo responder a problemáticas complejas como adicciones comportamentales, trastornos de la conducta alimentaria o estrés aculturativo. Investigación y ámbito académico: Se señala la necesidad de actualizar los planes de estudio universitarios y potenciar la investigación científica elaborada en primera persona por los propios profesionales. Contribución a la inclusión, participación y resiliencia comunitaria La acción socioeducativa fomenta entornos comunitarios inclusivos y protectores frente al sufrimiento psíquico: Inclusión y redes de apoyo mutuo: Genera espacios de convivencia y mediación que previenen el aislamiento social, facilitando la acogida e integración comunitaria de personas con sufrimiento psíquico o en riesgo de exclusión. Reducción de desigualdades en salud: Elimina barreras socioeconómicas y culturales para que los colectivos vulnerables (como personas con discapacidad, mayores o en situación de pobreza) accedan a los recursos sanitarios y sociales en igualdad de condiciones. Desarrollo de resiliencia y habilidades para la vida: Promueve el fortalecimiento de capacidades como la resolución pacífica de conflictos, la toma de decisiones informadas y la comunicación asertiva, facilitando el afrontamiento de situaciones de crisis. Empoderamiento y participación ciudadana: Estimula la implicación activa de la comunidad en el cuidado del entorno y la salud comunitaria. Fuentes y referencias Funciones y competencias de la educación social en ámbito sanitario (Miquel Salmerón, Laura Real e Irene Solà, ADP-CETS, pp. 10-17). Retos de la Educación Social (RES - Revista de Educación Social, nº 36). Intervención del educador y la educadora social en el ámbito de la salud mental (RES - Revista de Educación Social). Grado en Educación Social (Universidad Nacional de Educación a Distancia - UNED).
Friday, 02 October 2026 13:07
Cuando la evidencia no basta: cómo decidir si un programa de psicoeducación familiar puede implementarse
Etiquetas: guía , investigación , formación especializada , gestión del conocimiento , rehabilitación psicosocial , familiares y cuidadores
Autor: Jorge Marredo Rosa. Psicólogo investigador. Coordinador del área de Gestión del Conocimiento, que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U. Una guía práctica para analizar viabilidad, adaptación, replicabilidad y sostenibilidad en rehabilitación psicosocial En rehabilitación psicosocial y salud mental comunitaria sabemos desde hace tiempo que la familia importa. También sabemos que la psicoeducación familiar cuenta con una base de evidencia relevante, especialmente en el ámbito de la psicosis y otros trastornos mentales graves. Sin embargo, entre saber que una intervención es recomendable y conseguir que funcione en un servicio real hay una distancia considerable. Esta guía nace precisamente de esa distancia. La pregunta que me ha interesado no es solo si la psicoeducación familiar funciona, sino en qué condiciones puede implementarse con sentido en un dispositivo concreto de rehabilitación psicosocial. Porque una intervención con respaldo empírico puede fracasar si el equipo no dispone de tiempo, formación, liderazgo, procedimientos de captación, criterios de adaptación o capacidad mínima de seguimiento. Y, al contrario, un programa más modesto puede ser mucho más útil si encaja mejor con las condiciones reales del servicio. La «Guía de Análisis de Viabilidad y Replicabilidad para Programas de Psicoeducación Familiar en Rehabilitación Psicosocial» se ha elaborado con esa lógica: ayudar a los equipos a pasar de la recomendación general a la decisión situada. No es un protocolo sesión a sesión, sino una herramienta para pensar antes de implantar: qué modelo elegir, qué condiciones necesita, qué componentes no deberían perderse, qué puede adaptarse, cómo pilotarlo, cómo evaluarlo y qué posibilidades tiene de sostenerse o transferirse a otros contextos. El eje de la guía es sencillo: no basta con preguntar qué programa existe; hay que preguntar qué programa puede funcionar aquí, con este equipo, estas familias, esta red y estas restricciones. Esta idea atraviesa todo el documento y permite evitar dos errores frecuentes: copiar modelos sin analizar el contexto o renunciar a ellos porque parecen inviables antes de estudiar posibles adaptaciones. La propia guía formula este desplazamiento desde “qué programa existe” hacia “qué programa puede funcionar aquí, con este equipo, estas familias, esta red y estas restricciones”. Por eso el documento dedica especial atención a la implementación, a la preparación organizacional del recurso, al análisis de la viabilidad, a la evaluación de resultados, a la fidelidad, a la adaptación, a la sostenibilidad y al escalado. No como conceptos abstractos, sino como preguntas prácticas: ¿está preparado el servicio?, ¿hay masa crítica de familias?, ¿qué formación necesita el equipo?, ¿qué indicadores conviene medir?, ¿qué parte del programa es esencial?, ¿qué modificaciones son aceptables?, ¿qué condiciones permitirían mantenerlo en el tiempo? La guía se dirige a profesionales y responsables de programas que trabajan en rehabilitación psicosocial, salud mental comunitaria y recursos sociosanitarios. Su objetivo es ofrecer un marco de decisión realista para que la psicoeducación familiar no quede reducida a una recomendación bienintencionada, sino que pueda convertirse en una práctica viable, evaluable y replicable. En definitiva, esta guía propone una forma de mirar la implementación con más prudencia y más ambición a la vez: prudencia para no implantar sin condiciones suficientes; ambición para no resignarse a que las intervenciones con evidencia sigan sin llegar de forma estable a los servicios. La guía está disponible para su consulta y descarga en el apartado de "Guías y Documentos Técnicos Salud Mental" de la página web del Creap Contenido relacionado Guía de buenas prácticas en intervención cognitivo-conductual para personas con trastorno mental grave: estándares y aplicación del modelo centrado en la persona en el ámbito de la rehabilitación psicosocial (4,1 MB) Guía de «Buenas prácticas para la inclusión del agente de apoyo entre iguales en recursos públicos de salud mental» Guía de buenas prácticas para la elaboración, implementación y evaluación de Planes de Atención Individualizados (PAI) (2,5 MB) El diseño y aplicación de programas de intervención evaluables en rehabilitación psicosocial desde el modelo integral de atención centrada en la persona (1,9 MB)
Wednesday, 15 July 2026 12:11
Cuando una técnica no basta: adaptar la TCC al trastorno mental grave
Etiquetas: trastorno mental grave (tmg) , guía , psicología , investigación , gestión del conocimiento , rehabilitación psicosocial , rehabilitación cognitiva , esquizofrenia , regulación emocional
Autor: Jorge Marredo Rosa. Psicólogo investigador. Coordinador del área de Gestión del Conocimiento, que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U. En rehabilitación psicosocial, una dificultad frecuente no es saber si una técnica cognitivo-conductual (TCC) existe, sino decidir cuándo aplicarla, cómo adaptarla y cómo integrarla dentro de un proceso de atención más amplio. Una misma técnica puede resultar útil, insuficiente o incluso poco adecuada según el momento clínico, el perfil funcional, la carga cognitiva, el contexto de apoyos y los objetivos significativos de la persona usuaria. Este es uno de los problemas centrales que aborda la nueva Guía del Creap sobre terapia cognitivo-conductual aplicada al trastorno mental grave. El documento parte de una idea sencilla, pero clínicamente importante: en contextos de rehabilitación psicosocial, la TCC no puede aplicarse como una receta estándar ni como una sucesión de técnicas descontextualizadas. Necesita formularse, adaptarse y coordinarse dentro del Plan de Atención Individualizada. La guía ofrece orientaciones para ayudar a los equipos profesionales a pasar de la evaluación al plan de intervención. Para ello, aborda cuestiones como la lectura del perfil clínico-funcional, la formulación de objetivos, la selección de técnicas, la adaptación de sesiones, el uso de tareas entre sesiones, la prevención de recaídas y la revisión del progreso. También incluye plantillas y materiales prácticos que facilitan la planificación, la continuidad del trabajo terapéutico y la coordinación entre profesionales. Uno de los aspectos más relevantes del documento es que no presenta la TCC como una intervención aislada ni como una solución universal. Al contrario, la sitúa como un componente técnico que puede contribuir al proceso de recuperación cuando se integra con otros apoyos, se ajusta a la situación real de la persona y mantiene una orientación funcional, colaborativa y centrada en la vida cotidiana. Así, técnicas como la reestructuración cognitiva, la activación conductual, la resolución de problemas, la psicoeducación o la prevención de recaídas se presentan desde una perspectiva aplicada: no solo qué son, sino cuándo pueden ser útiles, qué adaptaciones requieren en trastorno mental grave y qué errores conviene evitar en su aplicación. Con esta publicación, el Creap continúa impulsando recursos orientados a mejorar la calidad de la intervención en rehabilitación psicosocial, favoreciendo una práctica más estructurada, reflexiva y ajustada a las necesidades de las personas usuarias. La guía está disponible para su consulta y descarga en el apartado de "Guías y Documentos Técnicos Salud Mental" de la página web del Creap Contenido relacionado Guía de buenas prácticas en intervención cognitivo-conductual para personas con trastorno mental grave: estándares y aplicación del modelo centrado en la persona en el ámbito de la rehabilitación psicosocial (4,1 MB) Guía de «Buenas prácticas para la inclusión del agente de apoyo entre iguales en recursos públicos de salud mental» Guía de buenas prácticas para la elaboración, implementación y evaluación de Planes de Atención Individualizados (PAI) (2,5 MB) El diseño y aplicación de programas de intervención evaluables en rehabilitación psicosocial desde el modelo integral de atención centrada en la persona (1,9 MB)
Thursday, 02 July 2026 09:15
Entrevista con la Dra. María Oquendo: una voz clave de la APA para el futuro del DSM
Categorías: Contenidos especializados , Información
Etiquetas: trastorno mental grave (tmg) , gestión del conocimiento , divulgación
Autor: Jorge Marredo Rosa. Psicólogo investigador. Coordinador del área de Gestión del Conocimiento, que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U. La American Psychiatric Association (APA) ha abierto un debate de gran alcance sobre el futuro del DSM, el manual de referencia más influyente en la clasificación de los trastornos mentales. La hoja de ruta presentada por el Future DSM Strategic Committee apunta a una posible evolución hacia un modelo más dinámico, más atento a las dimensiones transdiagnósticas, al funcionamiento, a la calidad de vida y a los determinantes sociales, culturales y ambientales de la salud mental. Ese movimiento no implica solo una actualización técnica del manual, sino una reconsideración de algunos de los supuestos que han organizado la nosología psiquiátrica durante décadas. Entre los ejes de debate figuran la necesidad de superar parcialmente una lógica excesivamente categorial, la incorporación progresiva de biomarcadores y factores biológicos, la atención a la heterogeneidad clínica y la voluntad de evitar que los diagnósticos sigan tratándose como entidades rígidas y cerradas. La propuesta también tiene implicaciones especialmente relevantes para la práctica comunitaria y la rehabilitación psicosocial. Si el DSM quiere ser más útil para la clínica real, no basta con describir mejor los síntomas: necesita dialogar con problemas como el solapamiento entre diagnósticos, el deterioro funcional, la calidad de vida, el contexto social y la complejidad de trayectorias que rara vez encajan limpiamente en categorías discretas. Quién es María Oquendo En este contexto, conversar con la Dra. María A. Oquendo tiene un interés singular. María A. Oquendo, M.D., Ph.D., es Ruth Meltzer Professor, directora del Departamento de Psiquiatría de la University of Pennsylvania y Psychiatrist-in-Chief del sistema de salud de la misma universidad. En 2017 fue elegida miembro de la National Academy of Medicine, uno de los mayores reconocimientos en el ámbito de la medicina. Su trayectoria investigadora abarca desde la neurobiología y la psicofarmacología hasta la salud mental global. Ha desarrollado una carrera científica muy destacada en el estudio de los trastornos del estado de ánimo, la conducta suicida y sus bases neurobiológicas, y cuenta con más de 500 publicaciones científicas según la nota biográfica remitida por su equipo. La Dra. Oquendo dirige además el Inspire Center for Suicide Prevention, financiado por el National Institute of Mental Health, y ha ocupado puestos de liderazgo de primer nivel en la psiquiatría internacional. Ha sido presidenta de la American Psychiatric Association, de la International Academy of Suicide Research y del American College of Neuropsychopharmacology, además de presidir el consejo de administración de la American Foundation for Suicide Prevention y formar parte del Advisory Council del National Institute of Mental Health. En mayo de 2024, la APA la nombró presidenta del Future DSM Strategic Committee, el grupo encargado de pensar la evolución futura del manual diagnóstico. A lo largo de su carrera ha recibido numerosos reconocimientos en Estados Unidos, Europa y Sudamérica, entre ellos el Judd Marmor Award de la APA en 2024 y el Leadership Award de la American Association of Chairs of Departments of Psychiatry en 2026, según la información facilitada por su equipo. Desde el Blog del Creap de Valencia, planteamos esta entrevista con un objetivo muy concreto: explorar hasta qué punto la reforma del DSM puede traducirse en una utilidad real para la práctica clínica, la salud mental comunitaria y los procesos de recuperación. Entrevista En trabajos anteriores, usted ha defendido la conveniencia de dar mayor visibilidad diagnóstica a la conducta suicida; visto ahora su papel al frente de la reflexión sobre el futuro del DSM, ¿qué le ha enseñado esa experiencia sobre los límites de organizar la clínica solo en torno a trastornos cerrados y no también en torno a procesos o riesgos transversales? En esta próxima versión del DSM, hemos incluido en el modelo diagnóstico un renglón dedicado a los síntomas transdiagnósticos o transversales. Eso ayudará a explicar el solapamiento entre diagnósticos, facilitará un enfoque en ellos en la investigación y quizá prevendrá la reificación de los diagnósticos tal y como los definimos hoy día. En distintas intervenciones recientes ha planteado que un enfoque más dimensional podría mejorar la atención al paciente; desde esa perspectiva, ¿qué ganaría realmente un profesional que trabaja en rehabilitación psicosocial y seguimiento comunitario, más allá de disponer de un lenguaje diagnóstico teóricamente más sofisticado? Ver respuesta anterior. En cuanto al solapamiento, el o la profesional no se verá forzado/a a hacer diagnósticos adicionales al detectar síntomas fuera del diagnóstico principal. En cuanto a la reificación, verá los diagnósticos como una aproximación, con fronteras difusas —en el caso de síntomas transversales en el contexto de dos o más diagnósticos que los comparten— y no como algo concreto e inmutable. A la luz del peso que la nueva hoja de ruta concede al funcionamiento, la calidad de vida y las dimensiones transdiagnósticas, ¿qué tipo de información considera hoy más decisiva para construir una formulación clínica útil: la categoría diagnóstica, el nivel de funcionamiento, la calidad de vida, los factores sociales o los rasgos transdiagnósticos? La idea es que todos son importantes para poder apreciar la situación del paciente de una manera más holística. Los documentos del comité proponen avanzar al mismo tiempo hacia una psiquiatría más informada por biomarcadores y hacia una evaluación más sensible a los determinantes socioeconómicos, culturales y ambientales; ¿cómo evitar que esa integración acabe siendo asimétrica y que lo biológico termine teniendo, en la práctica, más peso que el contexto vivido por la persona? Si llegara a ser así, eso dependería de la cultura en la psiquiatría. El modelo no da más peso a uno que a otro. Si el objetivo final es que el DSM evolucione hacia un instrumento más dinámico, dimensional y clínicamente útil, ¿qué le haría pensar, dentro de diez años, que esa reforma ha sido realmente un éxito: mejores decisiones clínicas, menos pacientes subumbrales sin atención, más prevención, mayor precisión biológica o una mejor conexión con la realidad social y funcional del paciente? Si el DSM se actualiza por lo menos una vez al año, sería un éxito. No creo que impacte el problema del paciente subumbral, quien hoy se puede diagnosticar usando los diagnósticos o clasificados en otra parte (“not elsewhere classified”, [NEC]), ni a la prevención necesariamente. Sí esperamos ver mejor cuidado clínico —por ejemplo, prescribiendo servicios sociales para problemas de funcionamiento o sociales—, mayor precisión biológica y mejor inclusión de la realidad social y funcional en el razonamiento clínico. Una lectura desde la rehabilitación psicosocial Las respuestas de Maria A. Oquendo apuntan a una idea central: la futura evolución del DSM no se jugará solo en el terreno de añadir nuevas categorías o refinar etiquetas, sino en su capacidad para incorporar síntomas transdiagnósticos, reducir la rigidez con la que se entienden hoy los diagnósticos y ampliar el razonamiento clínico hacia una lectura más holística de la situación de cada paciente. Desde la perspectiva de la rehabilitación psicosocial, el interés de esta propuesta reside precisamente en ese desplazamiento: pasar de una clasificación entendida como fin en sí mismo a una herramienta que ayude a pensar mejor el solapamiento clínico, el funcionamiento, la realidad social y las necesidades concretas de apoyo y cuidado.
Tuesday, 19 May 2026 11:49
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Friday, 18 November 2022 11:09
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